A veces sabemos que una relación, una amistad o incluso una situación personal no nos hace bien, pero aun así seguimos ahí.
Aceptamos respuestas que nos lastiman, justificamos comportamientos que no nos gustan, damos más de lo que recibimos y terminamos convencidos de que quizá estamos pidiendo demasiado.
Pero querer una relación sana, respeto, atención y reciprocidad no significa exigir demasiado.
Aprender a amarte más no consiste en pensar que eres perfecto ni en esperar que los demás se adapten completamente a tus necesidades. Significa reconocer tu propio valor y entender que estar acompañado no debería obligarte a renunciar constantemente a tu bienestar.
¿Por qué aceptamos menos de lo que queremos?
No siempre se trata de falta de autoestima.
A veces existen otros motivos:
- Miedo a quedarse solo.
- Costumbre de conformarse.
- Experiencias anteriores que afectaron la confianza.
- Necesidad de aprobación.
- Miedo a perder a alguien que queremos.
- Esperanza de que la otra persona cambie.
- Dificultad para establecer límites.
- Creencia de que no encontraremos algo mejor.
El problema aparece cuando estas razones nos llevan a permanecer continuamente en situaciones que contradicen nuestras propias necesidades.
Amarte no significa ponerte por encima de los demás
El amor propio no consiste en pensar que eres más importante que otras personas, tampoco significa ignorar los sentimientos de una pareja o exigir que todo se haga como tú quieres.
Amarte significa reconocer que tus emociones, límites, necesidades y deseos también tienen importancia, en una relación saludable, ambas personas deberían poder expresarse sin que una tenga que desaparecer para mantener la relación funcionando.
Aprende a diferenciar necesidades de expectativas
Una de las primeras cosas que puedes hacer es preguntarte qué necesitas realmente.
Por ejemplo, querer respeto, honestidad y comunicación puede formar parte de tus necesidades fundamentales.
En cambio, esperar que alguien responda exactamente como tú quieres en cada situación puede ser una expectativa, esta diferencia es importante no se trata de exigir perfección, se trata de identificar aquello que para ti resulta indispensable para sentirte bien dentro de una relación.
Haz una lista personal
Escribe tres grupos:
Lo que necesito. Lo que me gustaría recibir. Lo que no estoy dispuesto a aceptar.
Esta sencilla lista puede ayudarte a reconocer tus límites con mayor claridad.
Deja de justificar constantemente lo que te hace daño
Cuando queremos mucho a alguien, podemos encontrar una explicación para casi cualquier comportamiento.
“Está pasando por un momento difícil.” “Quizá no sabe demostrar afecto.” “Seguro que no lo hizo con mala intención.” “Cuando todo mejore, será diferente.”
Una explicación puede ser válida, pero no necesariamente elimina el efecto que una conducta tiene sobre ti, comprender a una persona no significa que tengas que aceptar indefinidamente aquello que te lastima, puedes entender las circunstancias de alguien y, al mismo tiempo, decidir qué límites necesitas.
Observa cómo te sientes después de estar con alguien
Una buena forma de analizar una relación es observar cómo te deja emocionalmente.
Después de pasar tiempo con esa persona, ¿te sientes tranquilo?
¿Puedes expresarte? ¿Sientes que puedes ser tú mismo? ¿Te sientes valorado? ¿O pasas gran parte del tiempo intentando descubrir si hiciste algo mal?
Una situación aislada no define necesariamente una relación, pero cuando una sensación negativa se repite durante mucho tiempo, merece atención.
No confundas amor con esfuerzo unilateral
Toda relación requiere esfuerzo.
Sin embargo, existe una diferencia entre esforzarse juntos y mantener una relación prácticamente solo, si siempre eres tú quien inicia las conversaciones, propone encuentros, resuelve conflictos, pide disculpas y trata de mantener el vínculo, quizá sea necesario observar la dinámica con más atención.
El interés puede manifestarse de maneras diferentes, pero la reciprocidad sigue siendo importante, no necesitas recibir exactamente lo mismo que das, pero debería existir una voluntad de construir por parte de ambas personas.
Aprende a decir “no” sin sentirte culpable
Decir no puede resultar difícil cuando estamos acostumbrados a buscar aprobación.
Podemos pensar:
“Se va a enfadar.” “Va a pensar que soy egoísta.” “Quizá deje de quererme.” “Es mejor aceptar para evitar problemas.”
Pero un límite no es un ataque, puedes decir que no de manera respetuosa y seguir siendo una persona considerada.
Por ejemplo:
“Entiendo que quieras hacerlo de esa manera, pero yo no me siento cómodo con eso.”
No necesitas presentar una defensa interminable para justificar cada límite.
No negocies tus valores para evitar perder a alguien
Hay diferencias que pueden resolverse mediante conversación.
Pero también existen cuestiones fundamentales.
Si para mantener una relación tienes que abandonar continuamente tus valores, ocultar quién eres o aceptar comportamientos que contradicen aquello que consideras importante, el costo puede ser demasiado alto.
Una relación debería permitir que dos personas compartan sus vidas sin que una tenga que renunciar completamente a sí misma.
Estar solo no significa estar incompleto
Uno de los mayores obstáculos para poner límites es el miedo a quedarse solo.
Pero permanecer con alguien únicamente para evitar la soledad también puede generar una sensación profunda de vacío.
Aprender a disfrutar de tu propia compañía cambia la relación que tienes con las demás personas.
Cuando sabes que puedes estar bien por tu cuenta, resulta más fácil elegir una relación porque quieres estar ahí y no porque sientes que necesitas a alguien a cualquier precio.
Deja de medir tu valor por la atención de otra persona
Que alguien te escriba mucho no determina cuánto vales.
Que alguien deje de responder tampoco determina cuánto vales, que una persona quiera una relación contigo no demuestra que seas valioso, y que alguien no quiera estar contigo no significa que tengas menos valor.
La atención de otra persona puede ser agradable, pero no debería convertirse en la medida de tu autoestima, tu valor no debería depender de una respuesta, un mensaje, un “like” o una decisión romántica.
Cambia la pregunta
Cuando alguien nos trata mal, es común preguntarnos:
“¿Qué tengo que hacer para que me valore?”
Prueba cambiarla por:
“¿Esta persona está demostrando que sabe valorar lo que yo necesito?”
La primera pregunta coloca toda la responsabilidad sobre ti, la segunda te invita a observar el comportamiento de la otra persona.
No siempre puedes conseguir que alguien cambie, sí puedes decidir qué haces con lo que observas.
Deja espacio para que las personas demuestren quiénes son
Cuando conocemos a alguien que nos gusta, podemos enamorarnos de su potencial.
Imaginamos cómo será cuando cambie determinadas cosas, cuando supere ciertos problemas o cuando finalmente comprenda lo que necesitamos.
Pero una relación se construye con la persona que existe hoy, no únicamente con la persona que esperamos que llegue a ser.
Observa sus acciones, escucha lo que dice, presta atención a cómo trata a otras personas y permite que el tiempo revele aspectos que no aparecen durante las primeras semanas.
No tengas miedo de cambiar de opinión
A veces aceptamos algo porque al principio parecía adecuado, después descubrimos que no funciona para nosotros eso no significa que hayamos fracasado, puedes cambiar de opinión, puedes establecer un nuevo límite, puedes reconocer que una relación que querías anteriormente ya no encaja con tu vida actual.
Madurar también significa aceptar que nuestras necesidades pueden cambiar.
El amor propio se construye con pequeñas decisiones
No necesitas despertarte un día sintiéndote completamente seguro de ti mismo.
Puedes comenzar con decisiones pequeñas cumplir una promesa que te hiciste, dejar de responder inmediatamente cuando necesitas espacio.
Volver a una actividad que disfrutas, cuidar tu cuerpo, pasar tiempo con personas que te hacen bien, expresar una opinión aunque sea diferente, decir no cuando realmente quieres decir no. Cada una de estas acciones envía un mensaje importante:
“Mis necesidades también importan.”
Señales de que estás empezando a valorarte más
El amor propio puede ser difícil de medir, pero existen algunos cambios que pueden aparecer con el tiempo.
Quizá empiezas a:
- Elegir mejor a las personas que permites cerca.
- Dejar de perseguir atención.
- Comunicar tus límites con mayor claridad.
- Alejarte de situaciones que te hacen daño.
- Disfrutar más de tu propia compañía.
- Dejar de justificar comportamientos que antes tolerabas.
- Sentirte menos obligado a agradar a todo el mundo.
- Buscar reciprocidad en tus relaciones.
- Aceptar que no todas las personas serán compatibles contigo.
Estos cambios no significan que te hayas vuelto frío o distante, significan que estás aprendiendo a cuidar mejor de ti.
Amar más no significa conformarte más
Existe una idea equivocada de que amar significa soportarlo todo.
No es así puedes amar profundamente a alguien y reconocer que una relación no funciona, puedes querer a una persona y establecer límites, puedes comprender sus dificultades y decidir que determinadas conductas no son aceptables para ti, el amor y el respeto por uno mismo no tienen que competir.
En una relación saludable, deberían poder coexistir.
Conclusión
Amarte más no consiste en convencerte de que eres perfecto.
Consiste en dejar de tratarte como si tu bienestar fuera menos importante que conservar a cualquier persona en tu vida.
Aprender a reconocer tus necesidades, establecer límites, aceptar la soledad cuando sea necesario y observar las acciones de los demás puede cambiar profundamente la manera en que eliges tus relaciones.
No necesitas aceptar cualquier forma de afecto simplemente porque tienes miedo de quedarte sin ninguna.
Puedes esperar respeto, puedes buscar reciprocidad, puedes querer una relación en la que exista tranquilidad, comunicación y consideración y también puedes recordar algo fundamental:
estar con alguien debería sumar a tu vida, no obligarte a perderte a ti mismo para mantener la relación.
